este fruto lívido, de javier gálvez

Hace unos días, en un encuentro gastronómico entre amistades (peligrosas), Javier Gálvez me regaló su libro "este fruto lívido" ("Ediciones de La torre magnética", colección de poesía "Los peces solubles").

Todo el poemario rezuma erotismo y ese es uno de sus encantamientos. También es patente el uso del automatismo casi indiscriminado que se traduce a veces en la expresión de intimidades emocionales con un lenguaje poéticamente indecoroso y perturbador. 

Entre lo más destacable está precisamente su descripción de los hechos poéticos: "Los hechos poéticos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de receptividad mental del observador: así, la perturbación de lo cotidiano que un objeto, o conjunto de objetos, pueden generar, a diferencia de lo que sucede en la mecánica newtoniana, no constituye una invariante; por lo que distintos observadores diferirán en su percepción, contribuyendo por  convergencia a un reencantamiento progresivo de la realidad".

Pero no sólo erotismo sino, aunque suene más a romanticismo que a surrealismo, también amor: "Y si el amor no fuera un deseo sino un hecho, y el ojo fuera para, fuera viga y fuera fuego, y un lecho no fuera una sábana sino un abrazo por donde resbalar el corazón con su arteria de placer, su arteria de dolor y los juegos del sexo en la boca parturienta del sueño". 

Y, como quiera que yo suelo guardar también pedazos de mi biografía en cajas, con cajas, entre cajas, desde cajas, por cajas, también destaco de entre sus cajas, la "caja para guardar las formas del amor.

Las formas del amor, hechas pedazos con las tripas del tiempo, repartidas por los cuatro cardinales como el cuerpo de Osiris".

Como coincide que yo nací ayer, es decir un 16 de abril, y que entre otros regalos recibí el cómic "17 de marzo. La vacuna nos cambió la vida", de manos de Pedro García, protagonista del cómic y activista de ATEAVA (Asociación de trabajador@s esenciales afectad@s por las vacunaciones covid), destaco un poema que empieza: "He nacido un dieciséis de marzo

y un dieciséis de abril 

con este golpeteo 

entre labios

de solsticios trilobulados".

Descubro versos que, como ráfagas, me remiten a mi propio universo poético:

"con la languidez de los tubérculos 

absorbes el azogue de todo espejo".

"tirita la catarata

de tu sello repujado de huracanes".

"Quién se tragara rapaces palabras

si todo hay que decirlo de espaldas,

si todo hay que decirlo en silencio".

Termino esta reseña con un verso a modo de sentencia, de epitafio, de greguería o de pancarta: "que has perdido el juicio y mejor perdido que enjaulado".

Gracias Javier por el fruto lívido de tu poesía, un regalo que he recibido como un presente más por mi cumpleaños, porque yo nací en el 63 y he cumplido 63: "a mitad de camino

entre tres y seis

y tres veces he dormido 

bajo tus dedos desplumados".


 

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